Nuevo Concepto: Peluquerías Saludables y Seguras en tiempos de Crisis

Gabriela Bohl Pazos

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Los salones a la vuelta de la cuarentena serán totalmente distintos.  La charla del «peluquero», ese pequeño ritual entre estilista y cliente podría desaparecer.

La visita al salón será mucho menos social y más por necesidad.  Estilistas con pinta de astronautas, cirujanos o científicos.  Saludos al estilo japonés sin besos ni abrazos.  Alcohol en gel, cepillos, kits desechables y esterilizadores.

El futuro de los salones de belleza estará compuesto por sillones separados y sin sala de espera.  En este nuevo escenario el cliente será más inquisitivo y temeroso y el peluquero tendrá un rol más transparente y responsable.  La visita dejara de ser espontánea y pasara a ser programada por citas.  Menos asientos para atender, mayor distancia, menos clientes al mismo tiempo.

No más un salón lleno de gente.  Salones personalizados y exclusivos, adiós a lo masivo.  Estilistas con horarios escalonados y por turnos de días.  Trabajo a media máquina, adiós por un tiempo a la productividad, bienvenida la salud e higiene.  Minimalismo puro en la decoración, pocos elementos, orden, pulcritud, «menos es más».  No más piqueos, cocteles ni revistas.  Adiós probadores y tester.  Nada será igual, nos adaptaremos a los nuevos rituales de los «SALONES SALUDABLES» Ingresar al salón será como ingresar una sala de operaciones.

Winston Churchill, 1er ministro de Gran Bretaña durante la 2da guerra mundial, defendió el eslogan «Beauty is your Duty,» que significa la belleza es tu deber.  A pesar de que durante la guerra se paralizó la producción de cosméticos en aras de empresas más urgentes, él decidió hacer una excepción con el lápiz de labios al afirmar que su uso “levantaba el ánimo de la población”.  Por curioso que parezca, uno de los productos que se clasificó como de “primera necesidad” durante la Segunda Guerra Mundial fue el lápiz labial.

El salón de belleza a sido considerado esencial en tiempos de crisis, principalmente por la importancia psicológica que reviste.  A las mujeres las hace sentirse fuertes, seguras y atractivas, unos sentimientos especialmente preciados en tiempos de difíciles.  El acto de pintarse los labios emana un mensaje de autoestima, autoridad y convicción.  Las mujeres llevan orgullosamente el cabello, escondiendo cualquier inseguridad y demostrando fuerza.  En situaciones fuera de control, la apariencia es lo único que pueden controlar.  En los tiempos más duros la peluquería adquiere un importante papel en la sociedad.  Sube la moral y les aporta a las mujeres un sentido de normalidad.

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